jueves 16 de septiembre de 2010

Cinekiubs



Cine y resistencia

Carlos Kubli

Como es sabido, con el apoyo del Programa de Atención a la Juventud que otorgó el Instituto de Cultura de Morelos al CineKiubs, cada jueves se muestra en El Museo Regional Cuauhnáhuac Palacio de Cortés, un ciclo denominado Fronteras mentales, fronteras impuestas, donde se proyecta religiosamente cine mexicano contemporáneo de calidad. Pero ¿Qué implica proyectar cine mexicano contemporáneo de calidad gratuitamente en una ciudad como Cuernavaca? De entrada, este tipo de cine tristemente es marginal en nuestro país. Normalmente, cuando bien les va, este tipo de películas se proyectan en el Distrito Federal un par de semanas (como formalidad legal) con pocas copias. De manera leonina el exhibidor no firma un contrato, ni se compromete a nada, si el primer fin de semana no hay una afluencia que considere adecuada, las restringirá a salas de poca afluencia y en horarios poco populares, para finalmente retirarlas de cartelera. En algunas ocasiones, llegan unos cuantos días a provincia, y en otras ni siquiera son proyectadas en salas comerciales. Paradójicamente, estas producciones, son invitadas a diversos festivales y galardonadas a nivel nacional e internacional.
Tercamente (desde el punto de vista comercial) las temáticas de dichos rodajes, son poco convencionales, no caen en la fórmula fácil y frecuentemente denuncian situaciones de nuestra realidad, ya sea injusticia, marginación, incomunicación, abuso, discriminación, etc. En no pocos casos la idea no es hacer un “producto” que sea redituable económicamente, sino hacer una pieza de arte que logre conmover, tocar fibras y lograr conciencia en los espectadores. De manera increíblemente condescendiente, en no pocas ocasiones, los directores se complacen de que sus películas sean pirateadas y que así lleguen a un mayor público.
En el caso de Cuernavaca, una ciudad con una larga tradición de discriminación clasista y racista. Que ha padecido gobiernos locales y estatales que han dejado mucho que desear, que han traicionado al pueblo, han abusado de sus cargos, solapado los abusos de intereses económicos y hasta han hecho sus propios negocios violenta e ilícitamente a costa de la población común. Donde el poder adquisitivo se ha ido a los suelos, la desesperanza es pan de cada día, y el fenómeno llamado de la descomposición social se vive diariamente como una constante. Donde se recuerda algún lejano tiempo mejor y no se ve cercano un cambio que mejore la situación. Este contexto, ha servido como punto de identificación con un cine que responde a tanta frustración acumulada.
Sin ser necesariamente películas de tramas locales, la audiencia, en experiencia colectiva, se solidariza y conmueve lo mismo con la historia de un par de niños Tarahumaras (Cochochi) que con un adolescente roba-coches de la Doctores (Partes usadas); se indigna con el abuso de autoridad sobre comunidades indígenas (El Violín); se molesta ante la decadencia y apatía de las generaciones jóvenes actuales (Dos mil metros); se entristece ante la frustración de una migrante Mazahua (Rehje); se compromete con la historia y tradiciones de una comunidad de Iztapalapa (Vaho); aplaude la labor de un par de maestros rurales retirados que llevan astronomía a comunidades aisladas (El viaje del cometa); alaba cuando un ladrón cuenta como robó la casa de Luis Echeverría (Los ladrones viejos); y en el caso local la alineación con la denuncia es clara, en películas como: 13 Pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra, por cierto censurada en Morelos por orden gubernamental.
Tomar estas posiciones ante rodajes tan provocativos, no se puede traducir de otra manera que como un acto de resistencia e inconformidad. Resistencia a asumir el destino que el sistema nos quiere imponer, resistencia a hacernos a la idea de que no hay otros caminos, resistencia a ser lo convencionales que la sala comercial nos quiera volver, las mismas películas son un acto de resistencia ante fuertes embates decididos a exterminarlas y el cine club se vuelve una trinchera del resistir.

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